Tradicionalmente el consumo de drogas y, de manera especial, el consumo de drogas ilegales, se ha asociado con ambientes de marginalidad. En los años ochenta, cuando el consumo de heroína se disparó en España, este era el perfil del consumidor de drogas. En el siglo XXI las cosas han cambiado.

El nuevo perfil del consumidor coincide con el de una persona que puede estar bien integrada en su entorno, que participa de un estilo de vida y de unos patrones culturales. Y que piensa que “controla”.

Los efectos no son tan visibles como antes; las apariencias y los problemas son otros. Pero no es verdad que esta nueva forma de consumo haya eliminado el riesgo; solo lo ha hecho diferente.

No cabe duda de que las drogas ocupan un lugar destacado entre las preocupaciones de muchas personas, desde los responsables encargados de hacer unas políticas adecuadas hasta los padres de hijos adolescentes que comienzan a vivir como tales, además del profesorado.

Las drogas siempre han estado presentes, de una forma u otra, en todas las civilizaciones y culturas del mundo.Unas veces usadas para aliviar o curar, otras como parte de rituales religiosos o simplemente, por placer, las drogas han sido utilizadas desde los tiempos más remotos.

Tras dos décadas, los setentas y ochenta, en las que el mundo se las drogas, al menos la preocupación centrada en ellas, estuvo marcada por el uso intravenoso de heroína y sus problemas asociados, en la actualidad el consumo de drogas presenta nuevas formas y nuevos riesgos. Pero, aunque sus efectos no sean tan visibles y dramáticos, las drogas aún siguen conllevando riesgos importantes para quien las toma.