La década de los noventa y los primeros años de este siglo han sido testigos de encumbramiento del ocio como una parte muy importante en nuestras vidas. Centros comerciales, multicines, videoconsolas, teléfonos móviles, música y, por supuesto, la noche, se han convertido en lugares comunes donde romper con la semana de estudios o trabajo y disfrutar del tiempo libre después de las obligaciones cotidianas. Una muestra de ello es el asentamiento de la industria del ocio como un importante sector económico.

EL fin de semana, sobre todo para los adolescentes y los jóvenes, ha adquirido un importante valor como espacio de ruptura donde vivir experiencias intensas y rápidas. Un espacio que, además, les permitirá construir una gran parte de su propia identidad. No es de extrañas que salir con los amigos sea una de las actividades favoritas de los adolescentes y jóvenes españoles, sobre todo por las noches del fin de semana.

En este contexto, las drogas facilitan y/ o potencias, de manera artificial, el disfrute del ocio. Esta nueva forma de relación con las drogas es lo que se ha llamado “consumo recreativo”, es decir, un consumo de drogas, tanto legales como ilegales, que generalmente se presenta indisoluble del tiempo de ocio, sobre todo el nocturno de fin de semana.