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¿Qué son las drogas?

Una droga es una sustancia que puede modificar el pensamiento, las sensaciones y las emociones de la persona que la consume. Las drogas tiene la capacidad de cambiar el comportamiento y, a la larga, la manera de ser.

Algunas drogas se consideran legales y otras, ilegales. La consideración de un tipo de droga como legal (como sucede con el alcohol o el tabaco) implica tan solo una regulación diferente de la producción y de la comercialización, y en ningún caso quiere decir que no sea peligrosa.

Todas las drogas comportan un riesgo y no existe consumo alguno que pueda considerarse totalmente seguro. El riesgo resulta de la combinación de tres factores: los efectos que provoca la sustancia, la manera de utilizarla (dosis, forma de administrarla, efectos que quieren obtenerse con ella) y la vulnerabilidad del consumidor.

La drogodependencia o también llamada dependencia a sustancias psicoactivas es la necesidad imperiosa de consumir una sustancia que es valorada como lo más importante en la vida para la vida de la persona drogodependiente. El usuario necesita recurre en la sustancia con regularidad, para superar los obstáculos que se lo imponen en su vida diaria. Podemos diferenciar entre dependencia psíquica y dependencia psíquica: Dependencia psíquica es cuando la necesidad de la droga produce una sensación de satisfacción y un impulso psíquico que exige la administración periódica o continua de la droga, con el fin de obtener placeres o de evitar un malestar. Representa cambios emocionales, nerviosismo, necesidad por encima de todo de conseguir droga. Dependencia física es un estado de adaptación que se manifiesta en intensos trastornos físicos cuando se suprime la administración de la droga. Se manifiestan posibles mareos, temblores, malestares, y manifestaciones del ‘mono’.Por norma general, la drogodependencia se trata más de una necesidad psicológica que física.

La adicción es el estado que conduce al consumo abusivo de una droga con el fin reobtener una sensación de bienestar y/o prevenir las consecuencias negativas de su abstinencia, situación que conlleva una búsqueda compulsiva, pérdida de control en el consumo y recaídas sucesivas a pesar de las consecuencias negativas del mismo. Tiene cuatro puntos a señalar:

  • Obsesión. En la que el individuo no piensa en otra cosa que no sean las drogas.
  • Consecuencias negativas. Lo que hace que una droga sea nociva es la que vuelve en contra de la misma persona y en contra de los demás.
  • Falta de control. El tratar de controlar una conducta adictiva es casa imposible.
  • Negación. Los adictos niegan dos cosas que son: que la droga no la pueden controlar y que sus problemas se deben a las drogas.

En principio, las drogas se perciben con una imagen positiva y favorable que atrae a jóvenes y mayores. Sin embargo, esa cara desaparece rápidamente, y las drogas empiezan a mostrarse tal y como son: dolor, problemas, infelicidad y múltiples trastornos.

 Las drogas generalmente crean dependencia tanto física como psicológica y hacen vivir a quién las consume, en un mundo totalmente falso, en donde se sufre degradación física, mental, emocional y finalmente puede llegar a ocasionarle la muerte.

  Las reacciones negativas asociadas a las adicciones, afectan en diferentes aspectos de la vida de la persona, tales como:

  • Relaciones personales. Las relaciones con la familia, amigos o     pareja se alteran, aparecen discusiones frecuentes, la comunicación se interrumpe, hay pérdida de confianza y alejamiento.
  • Trabajo. Frecuentemente se manifiesta baja productividad y deterioro de la calidad del trabajo o la pérdida del mismo.
  • Economía. El destinar la mayor parte del dinero a comprar drogas, genera endeudamiento.
  • Salud psíquica. Es posible la aparición de una amplia gama de trastornos psicológicos, estados de ánimo negativos e irritabilidad, actividades defensivas, pérdida de autoestima e intenso sentimiento de culpa, así como alucinaciones visuales y auditivas, disminución de la capacidad intelectual, lenguaje confuso, y la destrucción de neuronas.
  • Conducta. La droga se vuelve casi lo más importante, los adictos se tornan egoístas y egocéntricos (no les importa nada más que ellos mismo).
  • Salud pública. Se presentan trastornos del apetito, úlceras, insomnio, fatiga y otras enfermedades provocadas por el consumo de drogas como son: taquicardia, conjuntivitis, atrofia cerebral, temblores y convulsiones.
  • Tolerancia. La droga produce tolerancia física, por lo que es necesario ir aumentando la cantidad de dosis consumida para experimentar los mismos efectos.
  • Obsesión. El adicto a menudo no puede pensar en otra cosa que no sea en la droga, el modo de conseguirla, el tiempo en obtenerla, etc.
  • Negación. A medida que los adictos empiezan a acumular problemas (en el trabajo, en el hogar o socialmente) inevitablemente comienzan a negar dos cosas: Que la droga constituya un problema que no pueden controlar, y que los efectos negativos en sus vidas tengan alguna conexión con el uso de la droga.

En definitiva, nos hacen menos protagonistas de nuestra vida

Las drogas no solo perjudican a la persona que las toma. A su alrededor muchas otras personas padecen sus consecuencias. Las drogas interfieren en la relación con el entorno, la familia y el trabajo, y pueden llegar a comprometer seriamente el proceso de aprendizaje, especialmente en el caso de los jóvenes y adolescentes. Además, las drogas incrementan el riesgo de sufrir todo tipo de accidentes.

Por todo ello, además de las consecuencias individuales, es toda la sociedad (en mayor o menor medida) la que sufre los problemas de las drogas. Y estos problemas son de todo orden: sanitario, económico, cultural, de inseguridad, etc.

No es extraño, por lo tanto, que las drogas supongan una preocupación colectiva ni que, para hacer frente a sus consecuencias, muchos países hayan puesto en marcha políticas de prevención y rehabilitación, con un elevado coste económico.

El uso de drogas es un fenómeno principalmente juvenil. Pero es la adolescencia la etapa en la que los riesgos son aún mayores. Así, los adolescentes son especialmente vulnerables a sufrir problemas por consumir drogas. Su organismo en fase de crecimiento y su personalidad aún en formación son aspectos fundamentales que pueden determinar el impacto que un potencial consumo tenga sobre el adolescente.

Tabaco, alcohol, cannabis, cocaína, éxtasis, Speedy, setas, alucinógenas, LSD, GHB…El menú de drogas es amplio, así como variados son los efectos que éstas producen: desde la relajación de los porros hasta la estimulación del éxtasis para aguantar intensas sesiones de baile.

De entre todas ellas, son el alcohol, el cannabis y la cocaína las que más extensión tiene entre los adolescentes y jóvenes. Pero, ¿hasta que punto?

Alcohol: Se estima que, aproximadamente, cuatro de cada cinco estudiantes de entre 14 y 18 años han probado al alcohol y algo más de la mitad lo beben de forma habitual. Cuando beben, lo hacen sobre todo durante el fin de semana y, casi la mitad de ellos, hasta emborracharse.

Tabaco: Después del alcohol, el tabaco es la droga más extendida entre los adolescentes (14 y 15 años), casi la mitad lo han probado y un 27% lo han fumado recientemente. Se estima que un 15% fuma a diario.

Cannabis: Los porros son, con diferencia, la droga ilegal más consumida entre los adolescentes (14 y 15 años). Uno de cada tres dice haberlos probado y uno de cada cinco dice haber fumado recientemente. Su uso es ocasional, aunque un 3% de los adolescentes fuma a diario.

Cocaína: se estima que un 5ª de los estudiantes de entre 14 y 18 años ha probado la cocaína y que un 2% la ha tomado recientemente. Se trata de un consumo básicamente ocasional y mayoritariamente, de clorhidrato de cocaína esnifada.

Otras drogas: El uso de otras drogas tiene su presencia minoritaria y ocasional entre los adolescentes. En la siguiente tabla puede observarse la proporción de los que han probado el éxtasis, las anfetaminas y los alucinógenos y la proporción  que dice haberlas tomado recientemente.

La década de los noventa y los primeros años de este siglo han sido testigos de encumbramiento del ocio como una parte muy importante en nuestras vidas. Centros comerciales, multicines, videoconsolas, teléfonos móviles, música y, por supuesto, la noche, se han convertido en lugares comunes donde romper con la semana de estudios o trabajo y disfrutar del tiempo libre después de las obligaciones cotidianas. Una muestra de ello es el asentamiento de la industria del ocio como un importante sector económico.

EL fin de semana, sobre todo para los adolescentes y los jóvenes, ha adquirido un importante valor como espacio de ruptura donde vivir experiencias intensas y rápidas. Un espacio que, además, les permitirá construir una gran parte de su propia identidad. No es de extrañas que salir con los amigos sea una de las actividades favoritas de los adolescentes y jóvenes españoles, sobre todo por las noches del fin de semana.

En este contexto, las drogas facilitan y/ o potencias, de manera artificial, el disfrute del ocio. Esta nueva forma de relación con las drogas es lo que se ha llamado “consumo recreativo”, es decir, un consumo de drogas, tanto legales como ilegales, que generalmente se presenta indisoluble del tiempo de ocio, sobre todo el nocturno de fin de semana.

En un mundo globalizado, cada vez es más difícil distinguir entre países productores y países consumidores de drogas. En la actualidad, los países consumidores también producen (plantas y drogas sintéticas), mientras que en las zonas de producción primaria (de opio o de hojas de coca) el consumo aumenta día tras día. Además, desde hace mucho, hay drogas legales (como es el caso del alcohol) que se producen y consumen en gran parte del planeta.

Por otro lado, los grupos que se benefician con el tráfico ilegal han desarrollado formas muy complejas de producción, comercialización y blanqueo de los beneficios económicos, que han terminado por involucrar a una buena parte de los países.

Consecuentemente, también ha sido necesario establecer convenios y acuerdos internacionales de colaboración para afrontar la situación.

El comercio global de drogas, legales e ilegales, constituyen uno de los mayores negocios a escala mundial.

Cada año, el negocio de las drogas mueve enormes sumas de dinero en todo el mundo, una cantidad de difícil cuantificación, ya que no está sometida a un control oficial.

Según la ONU el comercio al mayor de drogas alcanza los 64.000 millones de euros al año, más del doble de los 28.000 millones del comercio de cereales, principal fuente de alimentación mundial.

Pero esto es sólo una pequeña parte del negocio. Cuando las droas llegan a los mercados de distribución local, su comercio llega a generar un movimiento de 22.000 millones de euros, una cantidad que supone 55 veces lo que invierte toda Europa en la investigación sobre el cáncer.

Cuando un consumidor compra una droga ilegal, paga hasta 25 veces el precio que cobró el productor.

¿De dónde sale todo este dinero? La respuesta es muy sencilla: del bolsillo de la gente que consume drogas. Si distribuyésemos el precio de las drogas que se compran en el mundo entre todos los habitantes del planeta, obtendríamos  que cada uno le correspondería un gasto de 50 euros al año.¿ Y quién se beneficia de los ingresos?

En primer lugar y muy destacado, los grandes narcotraficantes y los que “ blanquean” el dinero, seguidos por los intermediarios y distribuidores y, a mucha distancia de ellos, los productores.

Y todo esto sin contar el dinero que se mueven las drogas legales, como el alcohol o el  tabaco. Sólo en España, cada año nos gastamos en estos productos más de 18.500 millones de euros, una cantidad similar a la que deberá invertir España entre 2008 y 2012 para cumplir el protocolo de Kyoto contra el cambio climático.

 

Tradicionalmente el consumo de drogas y, de manera especial, el consumo de drogas ilegales, se ha asociado con ambientes de marginalidad. En los años ochenta, cuando el consumo de heroína se disparó en España, este era el perfil del consumidor de drogas. En el siglo XXI las cosas han cambiado.

El nuevo perfil del consumidor coincide con el de una persona que puede estar bien integrada en su entorno, que participa de un estilo de vida y de unos patrones culturales. Y que piensa que “controla”.

Los efectos no son tan visibles como antes; las apariencias y los problemas son otros. Pero no es verdad que esta nueva forma de consumo haya eliminado el riesgo; solo lo ha hecho diferente.

No cabe duda de que las drogas ocupan un lugar destacado entre las preocupaciones de muchas personas, desde los responsables encargados de hacer unas políticas adecuadas hasta los padres de hijos adolescentes que comienzan a vivir como tales, además del profesorado.

Las drogas siempre han estado presentes, de una forma u otra, en todas las civilizaciones y culturas del mundo.Unas veces usadas para aliviar o curar, otras como parte de rituales religiosos o simplemente, por placer, las drogas han sido utilizadas desde los tiempos más remotos.

Tras dos décadas, los setentas y ochenta, en las que el mundo se las drogas, al menos la preocupación centrada en ellas, estuvo marcada por el uso intravenoso de heroína y sus problemas asociados, en la actualidad el consumo de drogas presenta nuevas formas y nuevos riesgos. Pero, aunque sus efectos no sean tan visibles y dramáticos, las drogas aún siguen conllevando riesgos importantes para quien las toma.

El reto de prevenir el consumo de drogas y sus riesgos corresponde al conjunto de la sociedad.

Prevenir quiere decir hacer que disminuye el número de personas que tienen problemas con las drogas, que éstos sean menos graves, que se puedan corregir cuanto antes y que no dejen secuelas.

Cuando hablamos de niños y adolescentes, el papel de la familia y de la escuela es fundamental.

Uno de los sectores de población que se encuentra en mayor riesgo respecto a las drogas son los jóvenes de edades comprendidas entre 13 y 20 años. En este colectivo confluyen un momento crítico en la formación de la propia identidad y un mayor acceso a las drogas. En la adolescencia es cuando se produce mayoritariamente el inicio en el consumo de estas sustancias y el establecimiento de ciertos usos que podrán constituir un perjuicio real en el crecimiento y maduración personal.

La escuela como institución educativa por excelencia tiene como misión educar a niños y adolescentes para la vida. Y, para ello, es importante atender los contxtos y realidades sociales en que estos niños y adolescentes estás inmersos y en los que ellos deben desarrollarse. Es obvio que las drogas forman parte de nuestra realidad socia, y los riesgos que su abuso conlleva pueden suponer una amenaza para el desarrollo del individuo.

Es por ello que, aún siendo conscientes de las limitaciones de recursos con que cuenta nuestro medio educativo, no podemos renunciar al compromiso y necesidad de capacitar a los estudiantes para que ellos puedan tomar decisiones sana ante todas las drogas que nuestra sociedad ofrece, sena legales o ilegales.

La mayoría de nuestros adolescentes deberán tomar una decisión frente el tabaco y el alcohol, y muchos también hacia los porros, y será hacia estas sustancias que deberemos trabajar de forma generalizada aspectos de reflexión crítica, adhesión a principios de vida y actitudes de responsabilidad en su decisión. Otros, aunque la minoría, estarán en riesgo de consumir otras sustancias identificar sus necesidades preocupaciones y proveerles de recursos educativos adecuados será una misión selecta que debemos abordar.

Ya sabemos cuál es el impacto social de las drogas, sus riesgos y sus efectos sobre la salud, pero ahora es el momento de que toda esta información se convierta en una reflexión personal.

¿Tienes realmente información sobre las drogas y su consumo? ¿Eres capaz de decidir por ti mismo si consumes o no? ¿Hasta qué punto te influyen las modas y las inercias del grupo? ¿Tienes la seguridad de que no te va a pasar nada?

Respóndete a ti mismo todas estas preguntas con sinceridad y decide. Porque decidir significa ser responsable de tus decisiones, saber qué quieres vivir y qué quieres evitar, desarrollar tus propios argumentos a partir del conocimiento y la información sobre las drogas y aprender a elegir lo que es mejor para ti.